Por Barra de ideas | 2025 nos dejó algo claro: improvisar ya no funciona. El sector necesita estructura, claridad y sistemas que permitan crecer sin apagar fuegos cada semana. Todo lo que pasó este año —bueno y malo— apunta a lo mismo: si quieres tener un negocio que aguante 2026, tienes que profesionalizarlo.
A medida que termina el año, diciembre se convierte en un punto natural de reflexión. Es el momento de revisar qué ha funcionado, qué ha fallado y qué debe reforzarse para no repetir errores temporada tras temporada. Las aportaciones de nuestros expertos dibujan un mapa claro de hacia dónde debe avanzar el sector: estrategia, digitalización con cabeza, cultura, operaciones sólidas y control real del negocio.
Estas son las cinco claves que 2025 deja como legado y que marcarán el rendimiento, la estabilidad y la dirección de los negocios Horeca en 2026.
1. Estrategia en la gestión hostelera: anticiparse para no improvisar
En 2025 se vio de forma evidente que los negocios más estables no eran los que más llenaban, sino los que llegaban preparados. Luis Fernández lo explicó con claridad desde el ámbito hotelero: prever demanda, organizar inventarios y dimensionar equipos no es opcional, es lo que evita pérdidas ocultas.
Jordi Puig aportó la versión práctica desde restauración: revisar números cada mes, ajustar marketing a la realidad, activar clientes y adaptar cartas según la temporada.
La conclusión es clara: un negocio sin planificación se ve bien por fuera, pero pierde por dentro.
2. Digitalización en restaurantes: tecnología útil para gestionar mejor, no para complicarse
La digitalización dejó de ser novedad y entró en fase de madurez. Lo que antes eran “herramientas innovadoras”, hoy son infraestructura básica del negocio. Pero 2025 también mostró el riesgo de acumular software sin criterio.
Manel Morillo sintetiza la lección con precisión: menos herramientas, mejor integradas y que realmente uses. El TPV vuelve a situarse como el centro operativo del negocio, y lo que se conecta alrededor debe aportar simplicidad y control, no nuevas capas de ruido.
Desde el terreno de la IA, Óscar Carrión aporta una visión complementaria: la inteligencia artificial no sustituye a nadie, potencia a quien la usa con criterio. Predecir reservas, ajustar compras, automatizar manuales o mejorar campañas ya no es futuro, es presente. La diferencia entre avanzar o quedarse atrás estará en quién entienda que la tecnología es un asistente, no una carga.
La clave para 2026 será clara: digitalizar no es acumular; es elegir bien.
3. Cultura y experiencia del cliente en hostelería: la clave para ser recordado
Si algo ha demostrado este año es que la experiencia ya no se sostiene solo desde el producto, sino desde la cultura que lo envuelve. Eva Ballarín recuerda que la cultura no es un documento, sino un comportamiento colectivo que se percibe en cada interacción con el cliente.
En marketing, Katy M. (platogonistas) mostró cómo la colaboración con influencers solo funciona cuando existe estrategia: objetivos claros, perfiles alineados, contenido bien producido y expectativas definidas. Sin dirección, la visibilidad se dispersa; con criterio, se convierte en una herramienta de posicionamiento local.
La mirada de Susana Andrés amplió el horizonte: la innovación y el liderazgo gastronómico también se cuecen en entornos rurales, en proyectos liderados por mujeres que apuestan por productos sostenibles, creatividad honesta y modelos de negocio que conectan territorio, cocina y comunidad.
En 2026, diferenciarse no será cuestión de hacer más, sino de hacer sentir.
4. Operaciones y productividad en hostelería: la palanca invisible que decide el margen
Si algo dejaron claro Guillermo López, Noemí del Barrio, Ramón Dios y Jon Fernández es que la rentabilidad no nace en el Excel: se fabrica en la operación diaria.
Guillermo López puso el dedo en la llaga: la productividad no va de correr más, sino de usar mejor lo que ya tienes. Es la palanca menos sexy… y la que más margen mueve.
Noemí del Barrio añadió el diagnóstico que nadie quiere escuchar: demasiados negocios dependen del “buen gusto” de una persona. Su receta es quirúrgica: estandarizar. Cuando hay sistema, la excelencia deja de ser suerte.
Ramón Dios recordó que septiembre no es un mes cualquiera, es un espejo. “Pain + Reflection = Progress”: después del verano, el margen se salva pensando, no vendiendo más.
Y ahí conecta Jon Fernández: la operación solo importa en la medida en que corrige un ratio. Sin datos, la productividad es un eslogan; con datos, es una decisión rentable.
5. Control de negocio en hostelería: la pieza que ordena todo lo anterior
Si hay un mensaje que se repite en todas las intervenciones, explícita o implícitamente, es este:
sin control del negocio, no hay rentabilidad sostenible.
Control significa:
- leer la cuenta de explotación,
- detectar qué % está fuera de rango,
- tomar decisiones con datos,
- corregir rápido.
Es el paraguas que da sentido a estrategia, digitalización, cultura y operaciones. La hostelería que viene exige dirección con visión, pero también con método.
Conclusión: la hostelería de 2026 se ganará en el diseño del negocio, no en la temporada
El año que termina deja una hoja de ruta clara para el sector:
- Planificar antes de ejecutar.
- Usar la tecnología de forma inteligente.
- Crear cultura y experiencias diferenciadoras.
- Estabilizar las operaciones y delegar con sistema.
- Tomar decisiones basadas en control real del negocio.
La hostelería que apueste por esta estructura tendrá margen, estabilidad y capacidad de diferenciarse.
La que siga confiando en el volumen o en la intuición seguirá a merced de la temporada.
Como recuerda Eva Ballarín, hoy no se trata solo de servir.
Y como subrayan el resto de expertos, no hay emoción sin control, ni control sin estructura.





