Lo de comer flores viene de lejos. Hace al menos un par de décadas que chefs de todo el mundo las emplean para algo más que decorar sus platos. Sin embargo, este fenómeno parece tomar impulso en los dos últimos años. Los indicios que nos llevan a intuir esto de las hierbas y las flores como tendencia gastronómica son varios. En primer lugar, están muy presentes en las mesas de los estrellas Michelin. En segundo lugar, los títulos editoriales sobre cómo cocinar con flores y hierbas comestibles se suceden. Flores silvestres comestibles: una guía + un cuaderno de campo, de François Couplan (2022); Edulis, plantas comestibles que transformaran la alimentación, de Kevin Hobbs y Artur Cisar Erlach (2023), o Cocinar con flores: recetas para conectar con la naturaleza, de Iolanda Bustos Cabezuelos (2022), son solo algunos ejemplos.Por cierto, que esta última ha tomado relevancia en los últimos meses. De hecho, se la ha comenzado a llamar la chef de las flores. Este último detalle también nos deja una buena pista sobre la relevancia de las flores en la oferta culinaria.Ahora, cabría preguntarnos la razón. Aunque vosotros, audaces lectores, ya la intuís.






