La interiorista Gabriela Peña, de Studio NA, defiende que el interiorismo de un restaurante es una de las herramientas más potentes para decir quién eres y por qué eres distinto del de enfrente.
Muchos hosteleros dejan la decoración para el final, cuando ya está decidido todo lo demás. Gabriela Peña lo plantea al revés. Para ella, el interiorismo de restaurantes no es un capricho estético, sino el vehículo que convierte la identidad de una marca en una experiencia física. «El diseño afecta absolutamente a todo», resume. Lo que busca en cada proyecto es «un entorno memorable y cohesivo que resuene con tu público objetivo».
Define la marca de tu restaurante antes de elegir materiales
Antes de elegir un solo color o una sola silla, Peña pide a sus clientes que respondan a una pregunta: qué les separa de la competencia. «Hay que entender a fondo tu identidad de marca y cuáles son tus puntos de venta únicos», explica. De esa respuesta salen todas las demás decisiones.
A partir de ahí entra la consistencia: colores, tipografías, materiales, mobiliario, señalización, menús y decoración deben «trabajar al unísono». Una marca que cuenta una cosa en la carta y otra en la sala acaba confundiendo al cliente.
Coherencia de diseño en todo el local, baños incluidos
Esa coherencia, insiste, no puede detenerse en la puerta del comedor. Debe llegar a la zona de espera, a la barra que se ve al fondo, al pasillo que conduce a los baños y a los propios baños. «Todo tiene que formar parte de la misma experiencia, y nada debería desconectar al cliente de ella.»
Un restaurante que cuenta una historia
Peña propone pensar el local como una narrativa. Un italiano debería evocar el viejo continente, mientras que una hamburguesería pide algo más moderno, dinámico y menos formal. La paleta de colores, las obras de arte o la temática del mobiliario son las herramientas para contar valores y rasgos propios.
El mobiliario, además, tiene consecuencias directas sobre el ticket medio. «Afecta también al ticket medio», advierte. Si el objetivo es la sobremesa y la venta de botellas, hacen falta asientos ergonómicos que mantengan a la gente en la mesa. Si el modelo es de vender y mover, conviene un mobiliario menos cómodo que invite a pedir, comer y marcharse. «Todo depende del modelo de negocio», resume.
Piezas a medida e iluminación del restaurante
La interiorista recomienda invertir en elementos a medida: una cerámica creada para el local y repetida en toda una pared, o un mural pintado expresamente para él. Son piezas que se convierten en la firma visual del restaurante y que, además, «generan fotografías» que los clientes comparten en Instagram.
La iluminación es su gran obsesión. «Marca el tono de toda la experiencia gastronómica», afirma. En un restaurante que ha terminado recientemente en Noruega, el mismo espacio es familiar de día, «un sitio al que puedes llevar a tus hijos», y se vuelve romántico por la noche, ideal para una cita. Con un solo diseño, el local atiende a dos públicos distintos. La luz como herramienta estratégica es también uno de los grandes temas del interiorismo estratégico para bares y restaurantes.
Música y uniformes: el diseño que no se ve en los planos
Peña lo llama «otra capa» de la experiencia: la música del restaurante debe resonar con el público al que quiere atraer y complementar el ambiente, sea sofisticado o animado.
Pero el elemento en el que menos se piensa es el equipo. «Tienes que pensar en tu personal como el embajador de tu marca», sostiene. Uniformes, presentación y comportamiento deben estar tan diseñados como el menú. Recuerda que en un grupo de restaurantes en México le llaman la atención los uniformes del equipo de recepción, estampados y llenos de personalidad: «Son las primeras personas que te reciben y marcan el tono del local, del interior y del servicio». Ya sea un ambiente informal o muy formal, la presentación debe reflejar la personalidad y los valores del negocio. Si estás pensando en renovar la ropa de trabajo, aquí tienes pautas sobre el uniforme de los camareros.
Que todo reme en la misma dirección
Si hay una idea que Peña quiere que se lleve cualquier hostelero, es que ningún elemento funciona de forma aislada. Color, luz, música, mobiliario y uniforme tienen que ir en la misma dirección que el menú y el servicio, desde que el cliente entra hasta cómo se presenta la marca en redes. «Es un trabajo tanto digital como físico», recuerda. Y el cliente, aunque no sepa nombrarlo, siempre nota cualquier fisura.








