La sostenibilidad de la formación

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¿De qué nos sirve estudiar?” me preguntó ayer mi sobrina de 18 años. Tal vez ni me preguntaba si no que compartía una inquietud en voz alta y fui yo la que percibí la urgencia de dar una respuesta. Será que ahora me dedico a la sostenibilidad social en Restauración desde su ángulo más pragmático: el diseño de procesos de aprendizaje, contenidos formativos y metodologías didácticas participativas para quienes menos recursos tengan. Será por esto que el cuestionarme el por qué y para qué formarse me resulte un asunto casi apremiante.

La formación debería responder a una estrategia primordial en una sociedad fundada en el trabajo.

La relación entre sociedad y formación es una relación dialéctica, o sea, un nexo en el cual los dos elementos se interrelacionan mutuamente. La sociedad instituye la formación y a su vez esta incide en la propia sociedad en cuanto produce las energías necesarias para su transformación. En concreto, una sociedad que ofrece a sus miembros las oportunidades para capacitarse, es una sociedad capaz de generar una mejor calidad de vida. Y al revés: el desgaste del sistema que rige la enseñanza y el aprendizaje se acompaña de la pauperización social y económica.

Un paso atrás: quienes acceden a las mejores formaciones y salen de escuelas de élite pueden optar con mayor agilidad a un mejor posicionamiento en el mercado laboral.  Otro paso atrás, hasta el nudo de la cuestión: acceden a mejores recursos formativos, en el 70% de los casos, quienes pueden permitírselo. La élite sostiene la élite. A todas nos suena de algo…debería sonarle hasta a mi sobrina.

Es en este primer escalón, en el terreno de la formación, que se combate la reducción de las desigualdades y es sobre este eje que pivota la labor de Fundación Tomillo y otras entidades del Tercer Sector comprometidas con la formación gratuita para el empleo (Fundación Raíces, Cesal entre otras)) enfocadas en la transformación del sistema socioalimentario a nivel de producción y consumo.

Un paso adelante hasta el asunto de “la formación y el sector Horeca”. Mejor dicho, hacia la sostenibilidad de la formación en el sector Horeca. Se ha reiterado desde múltiples foros sectoriales la urgencia de formarse, para profesionalizar los oficios de la Hostelería y Restauración. Vamos ahora a las razones: 

1. La formación es emancipadora: por medio de ella el individuo se dota de herramientas que le permiten desarrollar su libertad y eficacia.

2. El individuo se motiva en cuanto se siente parte integrante de un todo.

Todo esto supone:

  • Mejorar la cooperación. El trabajo en equipo cohesionado es garantía de eficiencia y rentabilidad. Bien sabido es que el todo es más que la suma de las partes.
  • Diseñar nuevas narrativas para el sector, que valorizan nuevas figuras profesionales, nuevas competencias y enfoques. El acompañamiento vocacional es clave para reafirmarse en el sector Hostelería y Restauración.
  • La realización personal en las profesiones de la restauración: supone un valor que recae directamente en lo que se transmite al cliente y, por ende, se traduce en la cuenta de resultados.

La formación que proponemos en Fundación Tomillo es de carácter práctico, orientada al empleo y al desarrollo integral y multilateral de las personas. Así como gratuita y actualizada, poniendo la Gestión sostenible en restauración y la Innovación como drivers inequívocos. 

Aquí está: https://tomillo.org/cursos/restauracion/

Pero sobre todo, lo que más orgullo me genera, es que es una formación inclusiva. Acoge a quienes no tienen la oportunidad de optar a otro circuito formativo y revierte la inercia de la desigualdad. Volviendo al principio: la sostenibilidad de la formación es el primer paso para empoderarse a hablar de sostenibilidad en cualquier otro plano. 

No sé si habré convencido a mi sobrina con estos argumentos pero, si alguien se anima a aprovechar esta oportunidad, nosotras le sostenemos.

PD mi sobrina es camarera. 

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