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La revolución tranquila del tenedor: crónica del I Congreso de Antropología Gastronómica

por | Dic 11, 2025

La Fábrica Damm de Barcelona se transformó en el punto de encuentro entre academia y barra. Del 3 al 5 de diciembre, el I Congreso de Antropología Gastronómica demostró que los bares y restaurantes son mucho más que lugares donde comer: son espacios de comunidad y cultura.

Durante tres días, la Fábrica Damm cambió su aroma habitual por el de los guisos y la conversación. Allí se celebró el I Congreso de Antropología Gastronómica (Gastropología), un encuentro pionero que situó en el centro del debate el valor social y cultural de los bares y restaurantes de proximidad.

En la inauguración, Sergio Gil, presidente de la Society Gastronomy Foundation, y Laia Shamirian, directora del congreso, presentaron la idea de que la gastronomía no es solo técnica o espectáculo, sino un fenómeno que vertebra la vida urbana.

El alcalde Jaume Collboni, en su mensaje institucional, subrayó “el valor de la gastronomía como rasgo identitario de una ciudad abierta”. Le acompañaron Jordi Valls, teniente de alcaldía de Economía, y Joan Gòdia, director general de Empresas Agroalimentarias, quienes destacaron la relevancia de la restauración como sector estratégico para la ciudadanía.

El esmorzar de forquilla, la rebelión del cuchillo y tenedor

Entre los ejes del congreso, uno destacó por su carga simbólica: el esmorzar de forquilla, ese desayuno de cuchara y tenedor que ha sobrevivido a la globalización gastronómica como un gesto de identidad.

Diecinueve bares del eje Gaudí —entre la Sagrada Familia y el Hospital de Sant Pau— ofrecieron menús especiales centrados en este ritual catalán. Platos de cuchara, bacalao, callos o capipota se sirvieron como reivindicación de una tradición que une generaciones y refuerza el sentido de comunidad.

Este desayuno, nacido entre trabajadores que necesitaban energía a media mañana, ha pasado de ser una costumbre laboral a un acto cultural. En un contexto de brunchs estandarizados y ritmos acelerados, el esmorzar de forquilla se reafirma como un símbolo de pausa, pertenencia y territorio.

El bar, ese “tercer lugar” que nos salva

El congreso también profundizó en el papel de los bares y restaurantes como espacios de cohesión social. Los expertos Jesús Contreras, F. Xavier Medina, Rosa Molinero, Manuel Delgado y Sergio Gil abordaron la importancia de estos locales como “tercer lugar”, concepto del sociólogo Ray Oldenburg que los define como puntos intermedios entre el hogar y el trabajo, donde florece la vida comunitaria.

En las ponencias y debates se destacó cómo los bares de barrio pueden actuar como refugios contra la soledad no deseada y como escenarios de conexión intergeneracional.

Durante la presentación del libro Antropología del bar: la última constante en tiempos cambiantes, la periodista Laura Conde y Sergio Gil analizaron el papel del bar como espacio social y emocional. La proyección del documental La Bodega d’en Rafel, de Carlos Prieto, reforzó ese enfoque al mostrar la vida cotidiana en un bar del barrio de Sant Antoni como ejemplo de convivencia y apoyo mutuo.

Entre la academia y la barra: nace la Gastropología

De este enfoque transversal surgió el concepto de Gastropología, acuñado por Sergio Gil para definir la intersección entre gastronomía y antropología: una disciplina que estudia los espacios gastronómicos como lugares de relación, identidad y memoria.

Sergio Gil, Presidente de la Fundación de Restaurantes Sostenibles

Durante las jornadas, más de un centenar de especialistas, académicos y profesionales de la restauración debatieron cómo los locales de proximidad pueden actuar como motores de cohesión y bienestar. La iniciativa reforzó el diálogo entre universidad, industria y ciudadanía, dentro del marco de Catalunya, Capital Mundial de la Gastronomía 2025.

Paralelamente, el barrio del Eixample vivió una semana gastronómica en la que producto local, tradición y cultura se unieron para celebrar la dimensión social de la comida.

Levantar la cerveza, bajar las pantallas

El congreso concluyó con una reflexión compartida: volver al bar, al plato compartido y al desayuno con tenedor no es nostalgia, sino una forma contemporánea de cuidar la convivencia.

En un contexto donde el individualismo y la prisa dominan, la Gastropología propone algo tan simple como necesario: mirar a los ojos, levantar la cerveza y recuperar el valor de comer en comunidad.

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