La edad dorada de la coctelería de los años 20 regresa de la mano de Candela Bravo 

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Adrián Fernández / Madrid 

Madrid es una de las grandes capitales de la coctelería del mundo. Ha sido el hogar de míticos establecimientos en los años 20 y, ahora, se asienta con fuerza nuevos conceptos de coctelería, codeándose con cañas y vinos, tapas y raciones. Precisamente, homenajear al perfecto cóctel es justo lo que han querido hacer en Candela Bravo, una nueva coctelería ubicado en el turístico Barrio de Las Letras, en Madrid, que acaba de abrir sus puertas. 

“La coctelería se ha convertido en un mundo gourmet en el que en algunos locales te piden hasta estar en silencio. Nosotros no, queremos divertirnos y que os divirtáis con nosotros, que el público sienta el bar como su casa, y con una calidad suprema, donde poder decir “hoy me apetece algo cítrico” y que te hagan un coctel a medida por un precio asequible” explica Goyo Solórzano, uno de los socios de Familia Brown, la sociedad que incluye negocios como Candela Bravo, el local Ciriaco Brown o las coctelerías Paradiso, que recientemente ha sido nombrada número uno del mundo según el listado 50 Best Bars.

Los cócteles ‘sin florituras’ son los protagonistas 

Candela Bravo es un local pequeño y pensado para pasarlo bien, sentirse como en casa y sin las grandes pretensiones que se relacionan con una coctelería, lo único que importa son los cócteles: perfectamente ejecutados y en los que el sabor es su mayor aliciente. Ni más ni menos. Tal y como detalla Goyo Solórzano, “el gran atractivo es la oferta de cócteles de calidad, tradicionales, sin florituras, pero con un sabor y una elaboración perfecta, de la mano de grandísimos cocteleros n1 en nuestro país”. 

Detrás de la barra están Adal Márquez, Edir Malpartida y Antonio Naranjo, que después de trabajar en algunas de las mejores coctelerías de España, se dieron cuenta que echaban de menos una carta de cócteles sin florituras, un poco nostálgica y magnífica en sabor donde el protagonista es el cliente. “En nuestros locales el protagonista es el que bebe, por lo que todo los montamos en torno a él” cuenta Goyo Solórzano.

“Queremos hacer una coctelería asequible, diaria, y volver a introducir el marianito en la mente del consumidor”
Goyo Solórzano, socio de Familia Brown

Para ello, se han encargado de elaborar una carta corta pero efectiva para un público maduro, capaz de reconocer los buenos sabores y elaboraciones: con “Clásicos de Bareto” como el Marianito Preparado, la Pomada Collins. con ginebra de Menorca, limón y refresco de limón, o el Sol Sin Sombra, elaborado con brandy, Ratafia, absenta y melón.  

También hay sitio para las sangrías flamencas y las jarras de Rebujito o Kalimotxo, los chupitos “de siempre” o las “Locuras del Candela”, como el cóctel Sara Montiel (con verdejo, Aperol, Chartreause, limón y soda) o el Violeta “La Burra”, formado por con violeta, limón, licor de violeta, vodka, ginebra y refresco de jengibre. 

Un espacio dotado de personalidad 

Por otro lado, la seña de identidad de Candela Bravo se caracteriza por ser amiga del alma de Ciriaco Brown, el primer restaurante que abrieron y su compañera de batallas en la noche madrileña. Prueba de ello es la foto dedicada de Ciriaco que cuelga en las paredes del local. 

“La coctelería se ha convertido en un mundo gourmet en el que en algunos locales te piden hasta estar en silencio. Nosotros no, queremos divertirnos y que os divirtáis con nosotros, que el público sienta el bar como su casa, y con una calidad suprema”
Goyo Solórzano, socio de Familia Brown

Una vez más, ha sido el interiorismo a cargo de Alfonso de la Fuente, del estudio Pichiglás, el encargado de dotar de personalidad al espacio, con una iluminación cálida que acoge a una enorme barra de zinc, algunas mesas altas y a una mezcla de memorabilia que cuelga de las paredes y que hace referencia a licores antiguos y piezas que recuerdan al Madrid de antes.

Candela Bravo es una oda a las tabernas de siempre pero con un enfoque en el que el buen beber es el protagonista.

“Cuando abrimos en Madrid nuestro primer local, Ciriaco Brown, teníamos claro que queríamos apostar por dirigirnos a un público de una franja de edad diferente, personas de entre 35 y 50 años, con ganas de salir. Es un tipo de público con unas necesidades diferentes en cuanto a servicio, calidad y ambiente… y en esas seguimos” recuerda Goyo Solórzano.

“La calidad es inmejorable, pero lo mejor el trato del personal” responde Goyo Solórzano al preguntarle por como está siendo la acogida de esta nueva coctelería. Y es que no nos podemos olvidar de los camareros, qué visten impolutas chaquetillas blancas que, como anfitriones, se encargan de volver a dar vida a uno de los míticos locales de la capital de España.

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