4 claves y 1 funeral. Parte 1: ¡Contratada/o!

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María Pía, fundadora de Lolin Café Gastrobar 

Empresarios/as que se quejan ante la falta de camareros/as para sus bares/ restaurantes. Hoy nos centraremos en ellos. 

Todo empezó aquí: 

Las socias de Lolin Café, antes de ser restauradoras/autónomas, sumamos entre ambas 35 años como trabajadoras. Lo cual nos ubica en ambos márgenes de la realidad. 

Stranger Things. Contratos 💩 y que se sientan afortunados. 

¿En qué mundo paralelo una persona puede aguantar estar fastidiada y amar el trocito de (tu) realidad que le dejas para respirar? 

Es una pregunta retórica, pero por si no lo has pillado: te detestan, están deseando que llegue el momento de irse y fastidiarte a ti. 

¿Nos damos un baño de realidad? ¡Vamos a por él! 

Lo habitual hoy es una nómina que no refleja: 

1- LA CATEGORIA REAL. ¿Cuál es la categoría que están desempeñando nuestros trabajadores/as? – abro paréntesis- (¿cuántas/os AYUDANTES de camarero y cuántas camareras/os hay en la sala? Ahhhh) -cierro paréntesis- 

2- HORAS TRABAJADAS. Las reales, esas que deberían figurar cuando teóricamente fichas a la entrada y a la salida. Sí, sí… esas mismas y no las “medias jornadas” de 40 horas semanales. Las que te ahorraste pagar a la Seguridad Social (y que se fueron a tu bolsillo). Así que cuando llegó la pandemia, el ERTE dejó a esa empleada/o con una paga de miseria porque había cotizado la mitad de lo que en realidad estaba trabajando. 

3- HORAS EXTRAS. Aclaración: todas las horas que no están dentro del contrato laboral se consideran horas extra, agárrate los nachos. Que levante la mano a quien se las hayan pagado. Vale, acepto que a unos cuantos sí. Espera, espera. Que levante la mano a quien se las hayan reflejado EN LA NÓMINA. Ejem. Ya… empiezo a ponerme muy tiquismiquis. 

4- PLUS POR NOCTURNIDAD. Ya, me he pasado. 

Cuando esta práctica se transforma en habitual, salvo en contadas excepciones, el personal contratado se va quemando. 

Estimados/as empleadores/as… desde el primer al último responsable en la cadena de toma de decisiones, pregunto: después de estar fastidiando durante tantos años al personal, ninguneándoles sin reconocer sus derechos a través de un salario digno y ganado a través de las luchas sindicales, ¿hay un lugar ético y moral para decir que la gente no quiere trabajar?  

Lo que las y los trabajadoras/es no quieren, después de haber vivido una pandemia, es dejarse la vida (en forma de horas) detrás de una barra o en una sala por nada. Lo importante en la vida es el tiempo para compartir con la familia, amigos, etc. Si no se lo permitimos, es normal que quieran replantearse un cambio. 

Un sueldo que no dignifica, no es una nómina, es explotación. Y todas/os ya se han dado cuenta. 

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