Nuestra alma de chef que vino de los Gin Tonics

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Para todos es más que conocido que la gran revolución de la gastronomía vino de la mano de Ferran Adria y de su hermano Albert. Fueron un hito y punto de inflexión a nivel mundial, un hermano creaba, diseñaba e innovaba mientras el otro lo ejecutaba y lo hacía más que rentable. Prácticamente a la vez José Andrés se encargaba de ser nuestro mayor embajador con esa gastronomía nuestra y revolucionaria llevándola al máximo glamour en Estados Unidos para convertirnos a España como en referente mundial de la hostelería.

El día a día y la realidad nos hacía a los españoles tener nuestro propio chef dentro que nos pedía ir a esos restaurantes, degustarlos, criticarlos, amarlos y saborear el placer de sus sentidos.

Un chef que nos llevaría a la locura de programas actuales para mayores, para niños, para los sin tiempos… en fin, para todos nosotros. En el fondo siempre habían existido los programas de cocina ¿quién no había visto a Karlos Arguiñano con sus chistes en la tele? ¿o a tantos otros en los programas locales como Andreu Gesnestra en Mallorca o Daniel Yranzo en Aragón?

Sin embargo, considero la verdadera revolución y donde comenzó a convertirnos en auténticos especialistas de la gastronomía fue con los Gin Tonics, fue la experiencia de comenzar a hacer auténticas ensaladas con nuestras copas. Fue donde apreciamos las texturas, potenciar sabores, que combinar en nuestros paladares con los fríos hielos y nuestras sensaciones de hoy necesito lago dulce, hoy necesito algo fresco, hoy necesito … un sinfín de travesuras que nos llevó junto con el resto de nuestro entorno a sacar el cocinero que teníamos dentro.

Muchos de nuestros productos tradicionales, como vino, aceite y queso, con sus expertos y catas en vez de acercarnos nos alejaban. Los expertos con sus matices nos asustaban: taninos, toques afrutados, sedoso en boca… pero el Gin Tonic era virgen para todos, había marcas y calidades, había materia prima y producto, había una base neutra para desarrollar nuestra imaginación en los sabores.

Todo comenzó cuando alguien había oído que no sé quién le ponía pepino a una copa. Un origen discreto que ha llevado a ser uno de los mejores lugares del mundo para cocinar en cualquier parte, lugar o rincón de nuestra penínsulas y por supuesto más aún en mis amadas islas. 

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