Que en sus casas las personas no sean capaces de acceder a un pan de calidad y se entreguen al pan que más fácil les resulta conseguir es un problema, pero lo es aún más que un sector profesional haya decidido entregarse también a la pereza y al margen de beneficio como único dios sin atender al objetivo más primario de la hostelería: dar de comer bien. “Si no quieres cocinar, monta un chiringuito. Tienes que dar un mínimo de calidad. Pero es que sólo vamos al margen: comprar el pan más barato para engrosar el ticket medio y mejorar el balance”, ataca Nicolau. Y no abandona la idea de que la restauración no es ya un sector especialmente rentable, pero sí una profesión que garantiza trabajo de por vida: “un restaurante no se abre para ganar dinero, se abre para seguir teniendo trabajo. Ahora los márgenes de un restaurante bien llevado te van a dar para que no te falta pan y trabajo nunca”. Nos seguimos aproximando a una idea de la hostelería más honesta en el que la rentabilidad no es el valor principal. Remata con una frase lapidaria: “El que viene a la hostelería a hacerse millonario, viene a robar”.“El que viene a la hostelería a hacerse millonario, viene a robar”

Rodrigo Domínguez-Sáez | MadridMaría Nicolau no tiene pelos en la lengua. No, en serio. Hablé 20 o 25 minutos con ella y, si le hubiera dado más tiempo, me monta una revolución. Se expresa en una entrevista como nos expresamos en confianza, matiza cuando tiene que matizar, pero si a algo le tiene que llamar mierda, se lo llama. Se agradece que no haya ambages para tratar un tema tan importante como la alimentación. En su libro Cocina o barbarie (Península. 2022) -Cuina! O barbàrie en su título original ya que está traducido del catalán por Ana Camallonga y Gema Moraleda-, se aproxima a la gastronomía y la alimentación desde un punto de vista crítico. Crítico porque ya desde el título se revela como una enmienda al sistema capitalista. El título es un guiño al mítico “socialismo o barbarie” de Rosa Luxemburgo, una frase inspirada en un libro de Engels. “La gente se piensa que no tiene tiempo. Se van a pasar la vida currando y comiendo pan de mierda. Hay que parar”, me cuenta. Saco la bandera roja y arrancamos la entrevista.María Nicolau es cocinera de oficio, conduce el restaurante El Ferrer de Tall y -añado-, divulgadora de vocación. Colabora en radio, en televisión y se mete allí donde la llaman para ofrecer su visión y sus conocimientos de la gastronomía. Pero sobre todo, María es entusiasta. Vive la alimentación como la premio Nobel, Annie Ernaux, vivió el enamoramiento en su novela Pura Pasión (Tusquets. 1993).En su libro, las recetas de algunos platos muy tradicionales de la gastronomía ibérica como la crema de verduras, la tortilla francesa, el pan con tomate, los romescos, gazpachos, etc. sirven como excusa para hacer un llamamiento al activismo gastronómico. “Si consigues buen pan, cómpralo. Pero si no lo tienes, no pasa nada, hay otras muchas cosas que lo pueden sustituir”.No nos pasamos la entrevista hablando del pan, ni mucho menos, pero me parecía el ejemplo perfecto de lo que María Nicolau quiere contarnos en su libro sobre lo que está ocurriendo en la alimentación y gastronomía actual. Su capítulo sobre el pan con tomate es paradigmático: “Aquí estamos, 6.000 años después del primero levado egipcio, a pesar de las mejoras tecnológicas y los avances científicos, comiendo pan de mierda por sistema”, dice. Tanta evolución y progreso para esto, para no ser capaces de democratizar el producto alimenticio más básico con cierta calidad.
Que en sus casas las personas no sean capaces de acceder a un pan de calidad y se entreguen al pan que más fácil les resulta conseguir es un problema, pero lo es aún más que un sector profesional haya decidido entregarse también a la pereza y al margen de beneficio como único dios sin atender al objetivo más primario de la hostelería: dar de comer bien. “Si no quieres cocinar, monta un chiringuito. Tienes que dar un mínimo de calidad. Pero es que sólo vamos al margen: comprar el pan más barato para engrosar el ticket medio y mejorar el balance”, ataca Nicolau. Y no abandona la idea de que la restauración no es ya un sector especialmente rentable, pero sí una profesión que garantiza trabajo de por vida: “un restaurante no se abre para ganar dinero, se abre para seguir teniendo trabajo. Ahora los márgenes de un restaurante bien llevado te van a dar para que no te falta pan y trabajo nunca”. Nos seguimos aproximando a una idea de la hostelería más honesta en el que la rentabilidad no es el valor principal. Remata con una frase lapidaria: “El que viene a la hostelería a hacerse millonario, viene a robar”.
Que en sus casas las personas no sean capaces de acceder a un pan de calidad y se entreguen al pan que más fácil les resulta conseguir es un problema, pero lo es aún más que un sector profesional haya decidido entregarse también a la pereza y al margen de beneficio como único dios sin atender al objetivo más primario de la hostelería: dar de comer bien. “Si no quieres cocinar, monta un chiringuito. Tienes que dar un mínimo de calidad. Pero es que sólo vamos al margen: comprar el pan más barato para engrosar el ticket medio y mejorar el balance”, ataca Nicolau. Y no abandona la idea de que la restauración no es ya un sector especialmente rentable, pero sí una profesión que garantiza trabajo de por vida: “un restaurante no se abre para ganar dinero, se abre para seguir teniendo trabajo. Ahora los márgenes de un restaurante bien llevado te van a dar para que no te falta pan y trabajo nunca”. Nos seguimos aproximando a una idea de la hostelería más honesta en el que la rentabilidad no es el valor principal. Remata con una frase lapidaria: “El que viene a la hostelería a hacerse millonario, viene a robar”.




