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Carlos Moro (Bodegas familiares Mataromera): “Si queremos ser líderes, lo peor que puedes hacer es copiar. Aprender sí, pero copiar no”

por | Abr 1, 2026

Carlos Moro, presidente y fundador de Bodegas Familiares Matarromera, desvela en los desayunos de Canal CEO las claves de una gestión empresarial donde la paciencia, el I+D y la estrategia son innegociables.

Bodegas Familiares Matarromera no es solo un referente del vino en España; es el resultado de una mentalidad que aplica la precisión de la ingeniería a la paciencia de la tierra.

Hablar con Carlos Moro, fundador y presidente de la compañía, es recorrer un camino que une el Ministerio de Industria con el Duero, y la deconstrucción molecular con la tradición familiar. Ingeniero agrónomo de formación y visionario por naturaleza, Moro ha construido un proyecto que hoy cuenta con 11 bodegas y un departamento de I+D+i que es la envidia de Europa.

Durante el encuentro organizado por Canal CEO, Moro —recientemente distinguido con el Premio Dux— reflexionó sobre el liderazgo, la gestión del talento joven y la batalla por el vino sin alcohol en un sector que, a veces, se resiste a mirar al futuro.

“Si queremos ser líderes, lo peor que puedes hacer es copiar. Aprender sí, pero copiar no”.

La paciencia como activo financiero

Para Moro, el tiempo en la hostelería y la viticultura no es un enemigo, sino un componente estratégico. Recordando la fundación de Matarromera en 1988, subraya que el éxito no fue inmediato: pasaron siete años de inversión y planificación hasta comercializar la primera botella en 1995.

“Solo el arrancar hubo que tener paciencia y medios. Una carrera contra el tiempo y la estrategia. Lo que iba a pasar a partir del 95, estaba planificándose desde el 88”

Esta visión a largo plazo es la que sostiene sus decisiones actuales: su proyección para las marcas del grupo no se mide en ejercicios fiscales, sino en siglos

Innovación: El vino que “no era vino”

Uno de los puntos más intensos de la charla fue la apuesta por el vino sin alcohol (0,0), una categoría que Moro defendió en Bruselas cuando el sector le daba la espalda. Tras años de investigación técnica —utilizando columnas de conos rotatorios y vacío para no “quemar” el producto— logró que la UE aprobara la categoría en 2021.

“La descalificación inicial era: ‘esto no es vino’. Y es vino, cien por cien, pero sin alcohol”, recordó. Para el presidente de Matarromera, el 0,0 no es una amenaza al consumo tradicional, sino un aliado de la salud, la seguridad vial y una puerta de entrada para la juventud.

“Es el producto del futuro y una vía para que el sector no tenga que arrancar viñedos por falta de consumo”.

Equipos: el “gato” frente al maestro

La gestión del talento en Matarromera huye de los jerarquismos estáticos. Moro ilustró esto con una anécdota sobre su proceso de desalcoholización: mientras un experto con décadas de experiencia fracasaba tras tres años de intentos, una joven doctora (“que subía por los depósitos como un gato”) lo consiguió en una semana.

“Necesitas gente con potencial que encaje y luego seguir ilusionándoles con proyectos nuevos”, afirmó. El grupo, que cuenta con 130 empleados directos en 44 pueblos, apuesta por la formación permanente: desde cursos de inteligencia artificial hasta formación técnica para operarios de campo que manejan sensórica avanzada.

“Yo mismo estoy constantemente leyendo y formándome. Si no, me quedo desfasado en todos los aspectos”.

Un legado con nombre propio

La sucesión familiar es otro eje de su liderazgo. Con sus hijas Beatriz y Paloma integradas en el Consejo y en áreas como comunicación y estrategia internacional, Moro tiene claro que la marca es un cristal delicado.

“Una marca se construye en décadas, pero se cae en el primer tropezón. Por eso hay que cuidarla mucho”.

Su estrategia rechaza las marcas paraguas horizontales: cada bodega (Emina, Cyan, San Clodio) mantiene su independencia y su equipo enológico para respetar la esencia de su tierra.

“Si pongo Matarromera a un vino de Toro, estoy confundiendo al consumidor. Cada vino debe tener su identidad”.

Al cierre, Carlos Moro recordó que, más allá de los 110 proyectos de I+D o los 45 millones invertidos en tecnología, el propósito sigue siendo humano. “No competimos por un céntimo en una carta; competimos para buscar un vino que te enamore y te incite a compartir”. Porque en la casa Matarromera, la tecnología está al servicio del brindis, y la innovación, al servicio de la emoción.

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