En un sector donde cada decisión impacta directamente en la rentabilidad, los datos se han convertido en una herramienta imprescindible. Sin embargo, tener información ya no es suficiente: la clave está en saber interpretarla y convertirla en decisiones que mejoren el negocio.
En el Sapiens On Road de A Coruña se trató este tema con diferentes voces del sector. Expertos como Otto Exner destacan el papel de la tecnología y los datos para mejorar la gestión y optimizar resultados. Por otro, voces como la de Alberto Gómez ponen el foco en la necesidad de analizar esos números con sentido crítico. “Las ventas son necesarias, pero nunca a cualquier coste”, afirma, recordando que no todos los datos deben interpretarse de la misma manera ni todas las decisiones pueden basarse únicamente en el volumen.
No show: del dato a la acción
Uno de los ejemplos más claros de cómo los datos se traducen en decisiones es el problema de los no show, reservar una mesa y no aparecer luego. Los datos dicen que han bajado desde 2025 de un 3,6% a un 3,3% en gran parte por medidas específicas llevadas a cabo.
Sin embargo, el principal cambio pasa por un cambio de mentalidad de la sociedad. “En general deberíamos tener una clase de decencia, por así decirlo, y cuando reservas en un sitio qué menos que si no vas a ir a avisar”, afirma Exner.
En paralelo, la tecnología ha facilitado la aplicación de soluciones prácticas, como las confirmaciones automáticas o los sistemas que permiten cancelar una reserva con un solo clic. Estas herramientas no solo reducen la carga de trabajo, sino que permiten anticiparse a los problemas y tomar decisiones basadas en el comportamiento del cliente.
Omnicanalidad: conocer al cliente para decidir mejor
Otro de los grandes cambios en la gestión del negocio es la omnicanalidad, que ya no es una opción, sino una necesidad. Centralizar todos los canales de reserva y comunicación permite tener una visión completa del cliente y entender mejor su comportamiento.
“Estamos hablando de muchas horas dedicadas a la atención telefónica, que podrían optimizarse con herramientas que automaticen estos procesos”, explica Exner. Ese tiempo, traducido a costes, puede tener un impacto directo en la cuenta de resultados.
Además, la omnicanalidad permite algo que antes era impensable: trazar el recorrido completo del cliente. Saber por dónde entra, qué hace o cómo interactúa con el negocio aporta una información clave para mejorar la toma de decisiones y ofrecer un servicio más personalizado.
Tecnología y rentabilidad
El uso de la tecnología no solo facilita la gestión, sino que también permite optimizar recursos y mejorar la rentabilidad del negocio. Automatizar procesos, reducir tiempos y centralizar la información son factores que impactan directamente en los costes y en la eficiencia operativa.
Sin embargo, el reto no está únicamente en implementar herramientas, sino en utilizarlas con criterio. Tener más datos no garantiza mejores resultados si no se traducen en decisiones concretas que mejoren el funcionamiento del negocio.
En esa necesidad de interpretar correctamente los datos, también es importante entender qué mide realmente cada indicador. Como señala Gómez, “todo lo que entra dentro del plato es escandallo, el resto son otras partidas de costes”, diferenciando entre el coste directo del producto y otros gastos que afectan a la rentabilidad del negocio.
Esto demuestra que la diferencia ya no está solo en tener información, sino en saber qué hacer con ella. Los datos han pasado de ser una referencia a convertirse en una herramienta estratégica, pero su valor depende de la capacidad que tengamos de interpretarlos y aplicarlos con sentido.
Porque, al final, no se trata de medirlo todo, sino de entender qué es realmente importante para que el negocio funcione.




