2019, el año de los viejenials

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Manel Morillo, Con Gusto | M. Carmen Mas & Oskar García, Food Fighters

Enero es un mes especial y es por ello que he querido sumar a mi colaboración con Barra de Ideas una iniciativa ídem de especial 😊 enrolando a los amigos de Food Fighters (M. Carmen Mas y Oskar García) para un experimento hostelero-literario muy interesante: Desarrollar y plasmar en un mismo artículo y a manos múltiples dos visiones absolutamente complementarias de un fenómeno social llamado a protagonizar el 2019, con un peso grande en el consumo hostelero y del que se habla muy poco… nos estamos refiriendo a los VIEJENIALS.

¿Y a qué o a quien denominamos viejenials? A veces también catalogados como Baby Boomers (por aquello de haber nacido en un boom de la tasa de natalidad), dícese de personas veteranas (con 50 o más años), conectadas, en buen estado físico, poder adquisitivo y gusto por los productos premium. Es una definición muy grosso modo, pero es popular y válida al objeto de las líneas que escribimos a continuación y donde reflexionamos sobre ellos. Los Viejenials, en sentido muy amplio, es gente informada, digital, amiga de la innovación y que ahora tiene y va a mantener durante el próximo 2019 la sartén por el mango en cuanto hábitos de consumo.

¿Listos para adentrarnos un poquito más en conocer a los que serán protagonistas de la hostelería en el 2019? Nos ponemos en acción y el tándem Manel Morillo & Food Fighters comienza a sumar 🙂

Los #Viejenials son el segmento social que más dinero mueve actualmente, el de mayor consumo de bienes y, desde luego, el que hace mayor gasto en bares, restaurantes y hoteles. Es un consumidor especial, muy diferente al que hace unos años ocupaba el mismo segmento de edad y tenía la misma capacidad económica. Tal cual. Es justo decir que el #viejenial frente a otras neo tribus como la Generación X, Millenials, Centennials, o Zetas (por cierto, ¿No os aburre que todo tenga que estar catalogado bajo una etiqueta?) juega con la ventaja de haber tenido un recorrido vital más importante, lo que le da puntos de vista más trillados, una cartera más oxigenada y le permite regirse por la querencia a un servicio que debe cumplir y satisfacer unos mínimos de exigencia de corte alto. Estos servicios además deben tener unos precios ajustados o acotados. Si el viejenial encuentra aquello que le satisface, es capaz de mostrar un alto grado de fidelidad a los establecimientos y productos que le aportan felicidad.

El Viejenial se mueve con comodidad entre el nuevo consumo, que representa el pedido de delivery en casa o en la oficina, las comidas casual de street food en cualquier momento, el beber kombucha, el tomar café de especialidad, hacer el brunch o ser aficionado a la cerveza artesana con desayunar un pincho de tortilla, hacer unos chatos de vino o visitar un asador. Es un cliente abierto que enlaza dos mundos, el del consumo hace 20 años y el del consumo de dentro de 20 y se mueve con solvencia y naturalidad entre ambos… y es que el hecho de tener un amplio bagaje y experiencia permite a los viejenials saber lo que quieren sin renunciar a seguir probando nuevas tendencias de moda de corte saludable, étnico, logístico, deluxe, etc. El viejenial (y también la generación X) son los mismos que elevaron a los altares al movimiento #foodtruck para en apenas un par de años, condenarlo al ostracismo y a la práctica desaparición en modelos de concentración masiva y relegarlo al cumpleaños o BBC: boda, bautizo o comunión (y esto tiene su por qué. Más adelante os comentamos) para vivir y hacer propia una cultura de comida callejera elaborada, bien presentada, original y, sobre todo, cercana (no tanto en confianza, que también, sino geográficamente). Este perfil de cliente toma smoothies de ingredientes imposibles, pero mantiene visitas periódicas a sus intocables de toda la vida, bares, barras clásicas, los callos de Mami Ramona, las bravas del Mercantil, el pan de la tahona del abuelo, el cachopo de una tasca asturiana de paredes color membrillo que jamás ha visto una mano de plástico mate (ni brillo) ni en pintura (nunca mejor dicho). ¿Las sorpresas y las novedades? ¡Moooolan! Eso sí, mi tortilla semicuajada rollo Casa Dani del almuerzo no me la toques porque no respondo.

Es un cliente que ha aprendido de lo mejor de ambos tipos de restaurante o bar y lo exige: Quiere estar comunicado y formar parte de la constelación de la marca en Instagram u otras vías, quiere producto tradicional, pero de calidad, cuidado y trazado como en los locales healthy o street food que también visita. Quiere cocina internacional y nuevos productos, pero con la sensibilidad y la sensatez de la comida tradicional. Come un buen Ramen, pero exige un excelente cocido. Ha tomado una rica craft beer, con lo que pide que su cerveza de toda la vida esté bien tirada y a buena temperatura. Se llama conocimiento y cuenta con un respaldo digital importante. Los viejenials no son nativos digitales, pero están muy lejos de ser analfabetos tecnológicos. Las tendencias, las modas, los “me han dicho que”, los must, etc. son muy fáciles de contagiar en los medios sociales. En España, más de la mitad del gasto total que se produce en viajes, ocio y alimentación está soportado por el segmento viejenial. Lo mejor es que no solo saben lo que quieren, sino que además, se piensan muy mucho el si merece la pena pagarlo al precio al que les es ofrecido/ofertado. Esto nos sitúa ante una caja de pandora infinita pues la información es capacidad, y la capacidad es directamente proporcional a la exigencia. Cuanto más capaces somos de evaluar el proceso de elaboración de una cerveza, más inconformistas seremos con aquel que ‘ose’ tirarnos una caña que no cumpla con unos escrupulosos parámetros mínimos de calidad, frío, copa, espuma, complementos y puesta en escena… y ¡ojo! Sea en el bar de tu barrio o en el dos estrellas Michelín de moda. Algunos lo tildarán de criterio y otros, de mucha tontería 🙂

Los viejenials viajan mucho, tienen actividad física y distinguen por igual en qué momento quieren un hotel práctico y moderno, en qué momento quieren lujo real y no casposo y cuando lo mejor es alquilar Airbnb. Los viejenials mueven el consumo y están levantando el nivel de exigencia de todo el tejido empresarial restaurador o de alojamiento, así como de actividad. Los viejenials son personas con un elevado nivel Cultural y con gran iniciativa de cara a la información, incluso la disrupción. Lo nuevo les gusta, lo innovador más, siempre que aporte valor y sea tangible. Un poder adquisitivo medio-alto permite actividades de ocio distintas, más selectas. Como decíamos antes, el conocimiento, la información, es un arma poderosa y nos permite discernir y sobre todo, elegir. Las decisiones finales se verán condicionadas por distintos factores pero, lo que es indiscutible es que el componente digital va a contar y mucho en la toma de esas decisiones y, dentro del mismo, la reputación online que dispongan los negocios. Las opiniones pesan y como las digieren los establecimientos, más. Total, la capacidad de influencia de una reseña ‘solo’ implica nada más y nada menos que un 57% en la toma de decisión final, ahí es nada. Como para seguir pasando y no atender lo que dicen de nosotros en el sustrato digital, independientemente de que sea positivo, neutro o no positivo.

Si hay algo que no les gusta a los viejenials son las malas digestiones, y esto, que puede sonar chusco y baladí está cambiando más el consumo en restaurantes que muchas otras cosas a las que se les da más Bombo: Los viejenials NO son amantes de los larguísimos degustación, no son amantes de las cocciones con grasas de baja calidad (el típico aceite de girasol para cocinar menús sería un ejemplo contundente), no son amantes de los platos con mucha cantidad y poco variados, no son amantes de los condimentos imposibles y utilizados en exceso. La edad condiciona en muchos sentidos. Los 50 son los nuevos 40 y los 40 son los nuevos 30. La evolución en forma de involución es más que palpable pero con los condicionantes físicos es más complicado autoengañarse. Nos hemos inventado un mundo de inconsciente tolerancia a las intolerancias alimenticias que a muchos viejenials les marca el día a día como si se tratara de otra elección de moda más: Gluten, lactosa, vegetariano, vegano, frugivorismo de productos sin sombra… Al mismo tiempo y con cierta edad, el comer pasa de ser un acto puramente alimenticio a ser algo que conjuga ocio, placer y nutrición. Y se toma como una máxima.

La edad, por bien llevada que esté, no perdona y la salud, también de la digestión, es una clave para elegir repetir en un bar o en un restaurante. Si la sensación de pesadez o mala digestión persiste, el viejenial escogerá otra opción más satisfactoria la próxima vez. Es precisamente en este punto cuanto las cantidades ingentes de alimentos en el plato de otras épocas o las frituras ‘oléicoinsoportables’ son descartadas frente a la prevalencia del “menos es más”. Sorpréndeme, ilusióname, pero búscame un equilibrio porque es posible que no vuelva si no lo encuentro. Tal cual. Y no solo eso. ¿Recordáis lo que comentábamos antes de los Food trucks? Al principio, los eventos de concentración de 40 vehículos cada uno con una oferta gastronómica variada, sensible e internacional eran garantía de éxito asegurado pero, a medida que se iban repitiendo, los viejenials dejaron entrever que las novedades están muy bien pero, que donde esté una buena mesa bajo techo, atendida por personal de sala y cerquita de mi casa, que se quiten las colas, el comer de pie y el frio. Si amig@s, se llama comodidad y confort y a los viejenials les gusta.

En fin, ¿Qué os ha parecido? Sinceramente, este ejercicio daría para muchísimo más pero como aperitivo creemos que no está nada mal. Pensad que los que hemos participado en su confección somos casi viejenials así que no nos tengáis muy en cuenta si por el momento nos detenemos aquí y reflexionamos en un gastrobar sobre una próxima entrega mientras disfrutamos de un buen vermut acompañado de una selección de quesos de moda, por supuesto 😉

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