Pequeñas grandes alegrías del desconfinamiento

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Marta Cebrián desescalada

La cuarentena en nuestra familia ha sido un poco diferente de la que han vivido muchas personas. El domingo 15 de marzo yo estaba por viaje de trabajo en Lisboa y ante el anuncio de un posible cierre de fronteras entre Portugal y España y el miedo de no poder ver a mi familia en un tiempo que, por aquel entonces, me era imposible determinar, decidí alquilar un coche y venirme corriendo a nuestra casa familiar en el campo, a 20km al norte de Cáceres, Extremadura. Antepuse el estar con mi familia en estos momentos de incertidumbre a regresar a mi domicilio y mi vida, en Bruselas.

Hoy se cumplen 65 días de ese momento. El reparto de tareas ha hecho que yo no fuera la asignada de ir a “cazar” por lo que en ese tiempo no he visto a nadie externo a mi núcleo familiar. He ido una sola vez a tirar la basura a Casar de Cáceres, el pueblo de mi padre y mi juventud, sin ver a casi nadie por la calle. Nosotros no hemos vivido la sensación de liberación que se ha vivido de alguna forma en las ciudades al pasar de la fase 0 a la 1, y eso a pesar de estar en el medio del campo (y sí, ya sé que tengo suerte de estar aquí). Y es que todo puede resultar en exceso, incluso la falta de contacto con la ciudad, con los comercios, con los restaurantes, sobre todo si como yo, se trabaja con el sector de la hostelería.

Llevaba varios días pensando en el momento en el que por fin me podría sentar en una terraza a tomar algo, disfrutar del sol y hablar con el camarero, felicitarle de que ya estuviesen abiertos y darle todo mi apoyo para los días siguientes. Hoy por fin me he sentado en una terraza acompañada de mi familia. Ha sido en la terraza de 4 ó 5 mesas de la churrería Ronco Tovar de Casar de Cáceres, churrería histórica y sitio de peregrinación en días de diario y fines de semana de casareños, cacereños, arroyanos y gente de otros pueblos. El dueño, Vicente, y su hijo Jesús, queridísimo amigo mío, tienen un sello, una marca personal. No es el producto, churros, chocolate, tostadas y bizcochos, que, aunque excelentes, porque Jesús es un cocinillas de tres pares de narices, no es lo que hace su marca personal. Tampoco la decoración y las instalaciones, en las que han invertido años, esfuerzo y dinero para hacer reformas, la ultima inaugurada, desgraciadamente, una semana antes del confinamiento.

No, lo que hace la marca personal de este sitio es la cercanía de la gente, los saludos, las sonrisas que no se apagan nunca. Incluso en los momentos de llenazo, cuando el pobre Jesús sale de la cocina corriendo con 8 platos en las manos y te sonríe diciéndote “¡¡Hombre guapa!! Tú por aquí? ¡Qué alegría cariño mío, ahora mismo te veo!”, y a pesar de las 30 personas que le están pidiendo a gritos lo que quieren desayunar (en los pueblos se habla muy alto…), siempre tiene un minuto para venir a darte los buenos días. Sí, la razón por la cual la gente acude a este sitio es por el cariño y bondad que derrochan sus empleados, un cariño contagioso que dan ganas de devolverles.

Hoy, cuando Jesús ha salido con su mascarilla a saludar, creo que no se ha dado cuenta pero me he emocionado un poco. 65 días sin ver a nadie externo a mi familia y la primera persona con la que hablo es él, el mejor y más cariñoso gerente de negocio, camarero, churrero, el mejor relaciones públicas que conozco. Eso es lo que hace que haya ido allí y no a otro sitio, lo que hace que llevaba días “planificando” la excursión. Ni los churros, ni las tostas, ni la terracita.

Lo que hace que volvamos a un local de hostelería antes que a otro en estas circunstancias, son las ganas que tenemos de volver a ese sitio donde nos sentimos bien. Y más en estos momentos de emoción, en los que todo el mundo está sensible, con un poco de miedo y con incertidumbre. Lo que yo quiero, lo que el cliente quiere, es estar en un lugar que le reconforte por unos segundos. Sentir que todo vuelve a la normalidad.

Por eso, querido amigo hostelero, lo importante en estos momentos es cuidar a tu cliente, más que nunca. Sabemos que es pesado y que se hace cuesta arriba, pero si se te ha pasado hacerlo antes, es importante que estés activo en las redes sociales, que crees una cuenta de Instagram (por cierto: @churreriaroncotovar) y de otros medios, que les digas a tus clientes “¡¡Volvemos a abrir!!” y ¡¡que les des ganas de venir a verte!! Comunica con ellos, diles que les has echado de menos y que juntos podréis sacar esto adelante. No te de vergüenza decirles que cuentas con ellos para ayudarte, implícales en el proceso. Esto también crea experiencia y vinculo, y es lo que hará que en un futuro preferirá ir a verte a ti antes que a otra “churrería”.

Quizás soy muy emotiva y le doy mucha importancia a este momento, pero yo no me olvidaré nunca de este día y me alegro de haber elegido a este sitio y a esta gente para que estén en este recuerdo.

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