El sector Horeca llega a 2026 caminando por la cuerda floja: avanza, pero ya sin red. La recuperación pospandemia ha quedado atrás y, con ella, el impulso fácil del rebote. Ahora toca lo difícil: crecer en serio, con rentabilidad y sentido, en un escenario donde los hoteles tiran del carro y la restauración mira de reojo las facturas.
Según el Anuario 2025 de Hostelería de España, los bares y restaurantes facturaron un 3,1 % más el pasado año, pero su rentabilidad cayó casi un punto (-0,9 %). En cambio, los hoteles vivieron una etapa dorada: +7,6 % en ingresos y +2,1 % en rentabilidad, sostenidos por un turismo internacional que, aunque se estabiliza, sigue llenando camas y desayunos buffet. En conjunto, la hostelería española aumentó su facturación un 4,7 % interanual, pero con un aviso en letra pequeña: los márgenes se estrechan.
Pese a ello, el empleo resiste y crece: 1,89 millones de trabajadores de media, 40.000 más que el año anterior, según los datos de Seguridad Social. En los meses de verano, la cifra superó los dos millones. Un récord que confirma que, si hay algo que esta industria sabe hacer mejor que ninguna otra, es dar trabajo.
Una economía que avanza, pero con freno de mano
En su informe Situación España, BBVA Research proyecta para 2026 un crecimiento del PIB del 2,4 %, con la hostelería y el turismo como motores principales de los servicios. La buena noticia: el empleo seguirá expandiéndose y el consumo privado crecerá un 2,9 %. La mala: la demanda externa flojea, los aranceles asoman y la política fiscal se volverá menos generosa tras el verano.
En otras palabras, España crecerá, pero no gracias al viento de cola. Los motores serán la demanda interna y la inversión —especialmente en construcción y servicios—, impulsadas por el último tramo de ejecución de los fondos europeos del Next Generation EU. Los precios de la energía se moderan, la inflación se estabiliza (2,2 % prevista) y el poder adquisitivo empieza a respirar.
¿El riesgo? Que el consumo de no residentes —es decir, el turismo extranjero— ya muestra síntomas de cansancio: BBVA estima que crecerá apenas un 2% en 2026, tras haber aumentado un 5% en 2025. La ola del “turismo récord” empieza a romper, y los destinos tendrán que aprender a surfear sin marearse.
Los márgenes, ese enemigo invisible
Para los empresarios Horeca, el problema no es tanto la facturación como lo que queda al final del día. La inflación cede, pero los costes estructurales no: energía, alquileres, fiscalidad, salarios y materias primas siguen tensionando las cuentas. Y lo que no sube de precio… sube de complejidad: normativa medioambiental, regulación laboral y burocracia.
El presidente de Hostelería de España, José Luis Álvarez Almeida, lo resumía así en su balance de año:
“Somos motor económico y social, pero perdemos rentabilidad por causas externas. El incremento de los costes, el estrés regulatorio, la falta de relevo generacional y la presión fiscal dejan a muchas empresas en situación vulnerable.”
No son palabras huecas. La rentabilidad media del sector cayó en 2025 por primera vez desde 2021. Los bares lo notan antes que nadie: más clientes, menos margen. La restauración de calle se enfrenta a un consumidor prudente, que sale, sí, pero mira el ticket con lupa.
Cómo prepararse para un año de transición
2026 será el año del equilibrio: ni crisis ni euforia, pero con un mandato claro para los gestores Horeca —hacer más con menos.
- Optimizar la operación. Automatizar sin deshumanizar: control de mermas, gestión del personal con herramientas integradas y digitalización real del back office.
- Diversificar los momentos de consumo. Capturar desayuno, tardeo, delivery y take away, no solo mediodía y cena.
- Subir el ticket por valor, no por precio. Experiencia, relato, hospitalidad y producto diferencial siguen siendo el mejor escudo ante la inflación.
- Cuidar al equipo. La falta de talento no se soluciona con ofertas, sino con cultura, formación y propósito.
- Sostenibilidad rentable. No por moda, sino porque el consumidor —y Bruselas— la exigen.
El reto de 2026 no será crecer, sino consolidar una hostelería profesionalizada, donde la rentabilidad no dependa del volumen sino del modelo.
En términos macro, el contexto acompaña: crecimiento sostenido, inflación controlada, inversión pública en marcha y tipos de interés estables. Pero el Horeca ya no puede confiar en el viento de la recuperación. El mercado se ha profesionalizado, los clientes comparan más, y las reglas del juego han cambiado.
2026 no será un mal año, pero no regalará nada
El sector entra en 2026 con músculo, pero con menos oxígeno. Y eso, lejos de ser una amenaza, puede ser una oportunidad: la oportunidad de distinguir a quienes gestionan negocios de quienes solo abren locales.
Porque el futuro de la hostelería española no se jugará en los números del PIB ni en las estadísticas de turistas. Se decidirá cada día, en cada turno, en cada ficha de personal, en cada mesa servida con cabeza y con alma.
Y aunque 2026 no prometa milagros, promete algo mejor: la posibilidad de demostrar que la hostelería española, más que un sector, es una forma de resistencia bien gestionada.




