Durante años la sostenibilidad en hostelería se relacionó principalmente con el producto, los residuos o el consumo energético. Hoy el concepto se amplía para incluir también el impacto que los negocios generan sobre las personas que trabajan en ellos.
En un momento en el que la hostelería afronta dificultades para atraer y retener talento, cada vez más empresas entienden que la sostenibilidad también pasa por construir modelos de trabajo capaces de cuidar a las personas. La conciliación, el bienestar y la calidad de vida han dejado de ser beneficios adicionales para convertirse en factores estratégicos para la rentabilidad del negocio.
Precisamente este tipo de iniciativas son las que busca reconocer la categoría Impacto Positivo y Sostenibilidad de los Premios HORECA Sapiens, poniendo en valor aquellos proyectos capaces de generar un beneficio para las personas, el negocio y el conjunto del sector.
La sostenibilidad también se mide en calidad de vida
La hostelería ha estado tradicionalmente ligada a largas jornadas, aperturas durante fines de semana y horarios que se extienden hasta la noche. Por eso, modelos que apuestan por limitar horarios o cerrar determinados días siguen resultando poco habituales dentro del sector. Restaurantes como La Tizná tienen clara su filosofía y han hecho de la sostenibilidad su seña de identidad.
El restaurante sevillano no abre por las noches ni los domingos. No por pereza sino por tener una mejor calidad de vida. “Los trabajadores además de tener un salario también tienen una vida que disfrutar con su familia, como poder pasear un domingo, cenar con ellos o sacar a sus hijos al parque”, defiende María Ángeles, propietaria de La Tizná.
De esta forma, La Tizná demuestra que la sostenibilidad no solo se refleja en el producto o en el impacto ambiental del negocio. También se construye a través de las condiciones de trabajo, el bienestar de los equipos y la capacidad de conciliar la vida profesional con la personal.
El bienestar empieza por sentirse parte del proyecto
Cuidar al personal no consiste únicamente en ofrecer mejores horarios. Cada vez más empresas entienden que el bienestar también pasa por la transparencia, la comunicación y la participación en el proyecto.
Algunos negocios, como La Tizná, han apostado por hacer partícipes a sus equipos de la realidad del negocio, compartiendo información sobre costes, facturación o márgenes. Una forma de hacerles sentir parte de algo y ayuda a que los trabajadores comprendan el impacto que tiene su trabajo en la sostenibilidad económica de la empresa.
La nueva sostenibilidad no se limita a reducir residuos o mejorar la eficiencia energética. También implica construir entornos laborales donde las personas se sientan valoradas, escuchadas y parte de un proyecto común.
La productividad al servicio del bienestar
Durante años se ha asumido que mejorar las condiciones laborales implicaba renunciar a parte de la rentabilidad. Sin embargo, cada vez más negocios demuestran que ambas pueden ir de la mano. Un ejemplo es La Francachela, que ha implantado con éxito la semana laboral de cuatro días y 32 horas sin reducir salarios ni comprometer la viabilidad del negocio.
El punto no estaba en trabajar más rápido, sino en reorganizar la operativa. La clave no fue decir “vamos a trabajar menos”, sino que la clave fue preguntarse “¿cómo podemos trabajar menos?”
Así la empresa revisó sus procesos, simplificó elaboraciones que llevaban mucho tiempo y apostó por una gestión más eficiente de los recursos. Gracias a ello, consiguió mantener la productividad mientras mejoraba el bienestar de sus equipos.
Pero más allá de la jornada de cuatro días, el caso demuestra que la rentabilidad no siempre depende de aumentar horas o recursos, sino de analizar cómo se está trabajando y eliminar aquellos procesos que aportan poco valor al negocio. Así, la sostenibilidad también puede construirse desde la organización interna y el cuidado de las personas.
Casos como La Tizná o La Francachela demuestran que el impacto positivo no está reñido con la rentabilidad. Al contrario, cada vez más negocios descubren que cuidar a las personas, fomentar la conciliación y construir entornos laborales saludables se ha convertido en una ventaja competitiva.





