Restaurantes sin personalidad: Restaurantes olvidables

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Un buen amigo de Barra de Ideas nos pide que le digamos por qué creemos que las cosas le van mal: genera menos de lo que gasta (si sigue así, tendrá que cerrar, por tanto).

A su juicio, “no conozco sitios en el centro de Madrid que ofrezcan tanta calidad a tan buen precio. Vosotros lo sabéis – que habéis comido aquí muchas veces – damos muy buen producto y con recomendaciones diarias que hace la carta más atractiva”.

Es cierto. El restaurante de nuestro amigo lo hace bien, cuida la materia prima, los detalles. El propio restaurador atiende la sala y lo hace con mucho cariño. El último día que estuvimos, nuestros invitados se sorprendieron por la excelente relación calidad – precio.

–          “¿Qué nos pasa?”, insiste este cocinero convertido en restaurador.

–          “Tu restaurante no tiene personalidad, no se puede definir en pocas palabras. Es un restaurante correcto y nada más… y las personas queremos ir a sitios donde nuestra imaginación pueda proyectarse. Tienes una carta confusa, una decoración que no coincide con la carta, un servicio correcto pero serían fácilmente olvidables”.

–          “¡Olvidable!” exclama el propietario del restaurante. “¡Efectivamente, así es como me siento!, ocho de cada diez comensales nunca vuelven y, en cambio, todos me manifiestan que salen contentos de aquí. Debe ser eso, somos fáciles de olvidar”…

–          “Sí, eso es”, le decimos. “Sois fáciles de olvidar porque sois difíciles de definir, de recordar. Un restaurante, como una empresa en cualquier sector o una persona, debe conseguir significar algo con quien se relaciona”.

–          “¿Y qué hacemos?”, nos pregunta ansioso el propietario del restaurante.

–          Aprender a renunciar. “Quita platos de tu carta y conviértete en el rey de otros. Piensa como si lo que ahora conocieras no existiera. Renueva el espíritu con el que tratáis a los clientes, convéncete de lo que quieres hacer y no cejes en el empeño de hacerlo cada día mejor. Es posible que con esa renuncia, tengas incluso algunos días peores que los que ahora tienes…”.

–          “¿Peores aún?”

–          “Sí, porque también tendrás que aprender a renunciar a determinados clientes que no les gusta lo que hagas. Pero muchos otros vendrán si tu propuesta es clara y competitiva. Tú tienes muchas cosas que otros no tienen: un local impresionante y buenos cocineros, empezando por ti. Lo que te hacen falta son ideas y espíritu comercial… Pero eso es para otro día”.

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