El éxito de Arzábal

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Iván Morales y Álvaro Castellanos han conseguido lo imposible, en tiempos de crisis, han comprado el local de al lado de su restaurante, doblando su tamaño, y aún así no dan abasto con las reservas. Es el Arzábal, un restaurante que se ha convertido en un must por motivos que hasta sus propios dueños desconocen.

Las claves de su éxito son la calidad, el precio adecuado a los tiempos de crisis y un buen servicio. Pero ¿qué es lo que ellos consideran un buen servicio? “El cliente tiene que estar atendido desde que entra hasta que sale y para eso es fundamental hacer de buen anfitrión. Cuando un cliente entra por la puerta hay que saludarle, entender sus necesidades e intentar cubrirlas, hay que estar pendiente él, que nunca tengan que llamar ni levantar la mano, hay que buscarles con la mirada”, declara Iván.

Otro de los factores que les ha ayudado ha sido su ubicación, en la calle Castelo. Seleccionar una zona de referencia gastronómica puede considerarse a priori como una amenaza por el alto nivel de la competencia, pero también supone una oportunidad para un restaurante “joven” ya que un sinfín de potenciales clientes cruzan Madrid para comer o cenar en este barrio, no buscando un local concreto pero sí una zona. Así, en menos de 2 años, se hicieron un hueco entre los restaurantes de referencia de la capital y ya hasta han ganado varios premios. Con ellos, consiguieron llegar y captar a esos pocos clientes que todavía no les conocían, pero a partir de ahí el trabajo estaba en sus manos. Después de que un cliente nuevo conozca el restaurante, el objetivo es que repita.

En el restaurante Arzábal también confían más en el poder del boca-boca que en la publicidad, y para eso los medios sociales son clave. Actualizan su perfil en Facebook, suben fotos y publican los comentarios que reciben de los clientes.

Iván y Álvaro justifican el porqué del éxito del restaurante como una mezcla de suerte y trabajo. El primero es aleatorio, pero el segundo se construye con ganas, ilusión, conocimiento sobre el precio y del lugar y  sobre todo, con la definición de un criterio adecuado y al que serle fiel. Cualquiera que ponga en marcha un restaurante tiene que saber que va a trabajar en él día y noche pero la recompensa llega tarde o temprano y siempre merece la pena.

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1 comentario

  1. Estrella 29 marzo, 2011 at 07:24 Reply

    Me gusta vuestra filosofía de anfitriones. En nuestra Bodega la concebimos igual. Si alguien viene a vernos está en nuestra casa, y así hay que tratarle, con calor, atención, intimidad y servicio.
    Me gustaría establecer una relación especial entre una bodega pequeña en la región de Madrid y restaurantes especiales de nuestro entorno que compartan ciertos valores y que estén dispuestos a acercarles el mundo del vino a sus clientes invitándoles a la bodega para hablar con el bodeguero. Nosotros también haríamos lo mismo con nuestros visitantes. Creéis que esto es posible? Nuestro precioso viñedo está a 35 minutos de la Puerta de Alcalá. No os parece algo increible y sin explotar ( en el buen sentido)? Decidme… Enhorabuena por vuestro éxito

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