“La vulgarización de los espacios gastronómicos se debe a cartas muy deficientes”

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Federica_interior

Rodrigo Domínguez (@rodpoti) | Madrid | 15 de diciembre de 2015

Federica Barbaranelli cultiva -o eso intenta- la vida slow desde que decidió a mediados de 2015 mudarse a una zona rural en Cantabria. En Madrid dejó aparcado su proyecto Federica & Co., una marca de decoración, gastronomía y moda creada hace más de 10 años. Se hizo conocida y reconocida por su templo de la calle Hermosilla de Madrid entre 2011 y 2015. Desde hace unas semanas se emite semanalmente su programa Sencillo y Natural en el Canal Cocina, con el que intenta darle difusión a los pequeños productores que le dan sentido al slow food.

El de Federica & Co. es un proyecto inspirado por la filosofía slow y basado en la selección cuidadosa de cada uno de sus productos, todos ellos caracterizados por ser naturales, hechos a mano, de calidad, singulares y con un toque personal.

Nos citamos con ella para hablar del movimiento slow en pleno centro de Madrid, en Slow Revolution, el Christmas Store que ha abierto durante la Navidad (hasta el 5 de enero) en la calle Núñez de Balboa, 24. En él se unen 30 marcas de decoración diseño, moda, joyería, hogar y gastronomía. Queremos preguntarle sobre el slow food y las tendencias en decoración que están triunfando en el sector hostelero.

Federica Barbaranelli en su nuevo y efímero espacio en Madrid

¿Qué es Slow Revolution?

Quería reproducir lo que ya habíamos hecho en nuestro local de Federica & Co. Cada año cambiábamos nuestro jardín y este año, al cambiar de vida radicalmente, quería dejar huella en Madrid: hacer realidad el mundo ensoñado e infantil que vive dentro de mí.

Has estado entregada unos meses a la vida slow en Cantabria. ¿Notas la diferencia de volver a la ciudad?

Estos meses desde que cerramos el espacio de Federica & Co en la calle Hermosilla apenas he tenido tiempo de dedicarme la vida slow porque ya en noviembre me asenté en Madrid para trabajar en este nuevo espacio efímero. Pienso reproducir un espacio en Cantabria los próximos meses, pero tampoco está definido aún. Es un proyecto ligado a la gastronomía, a la naturaleza, al huerto, a dormir. Lo he definido como bosque, agua y huerto.

¿Cómo definirías el movimiento slow?

Es una necesidad de muchos jóvenes. En general menores de 50 años que no han tirado la toalla y que no se han resignado a lo que la vida les ha ofrecido. Significa priorizar en ti mismo; encontrar la paz interior y que esa prioridad sea ser feliz. Es decir, hacer primero lo que tú quieres y después lo que debes, sin que sea un acto de irresponsabilidad.

¿Cómo se traslada la filosofía slow food a la decoración?

Slow es una manera de entender la vida. En la cocina significa trabajar con recetas de toda la vida, cocinar lentamente, contar con una buena materia prima, descubrir al pequeño productor y comprarle a él los productos de la máxima calidad. El objetivo es no seguir tendencias y modas extravagantes, no seguir demasiado lo que dictan las modas. Entonces, la decoración no deja de ser una guinda a tu modo de vivir. Decoras tu hogar y tu restaurante tal y como tú eres,  de la manera más sencilla, natural y directa.

Lo que se pretende con esta filosofía es que un restaurante no sea sólo un espacio decorado por cinco personas maravillosas, pero que tienen su propio estilo. Yo intento que la gente se inspire en su propio trabajo, en su interior, y utilizar decoradores e interioristas para trabajar con ellos y que saquen lo mejor de uno mismo.

¿La tendencia de slow food está en alza?

Absolutamente. Aquí en España somos más paletos, pero en EE.UU., en California, el movimiento slow es maravilloso. Ellos imitan lo que han conocido del antiguo continente. Repican lo que se hace en Francia, por ejemplo, son expertos en revalorizar los pequeños detalles de la vida: en restaurantes, en cocineros, en decoraciones, en productos…

En Francia ocurre algo similar: un pequeño productor francés cultiva el mejor tomate de todo el país. Entonces todos los chefs con Estrella Michelín de Francia quieren tener ese tomate en sus mesas y, cuando lo consiguen se hacen eco del producto que están vendiendo. Lo llevan con mucho orgullo.

En España no ocurre esto de igual manera. No se publicita tanto el producto. Creo que antes que asociarse con grandes marcas es preferible dar a conocer la importancia de la materia prima de los pequeños productores, sobre todo de la española. Hay que revalorizarlo, porque son muchos los restaurantes que cocinan con productos kilómetro cero de altísima calidad, pero les falta divulgación, al consumidor no le queda muy claro lo que está tomando. Creo que tiene que ver con lo cultural.

¿El slow food es una opción valorada también por los consumidores?

El consumidor final lo valora cuando es de fácil alcance y también cuando es asequible. El juego entre el productor y el gran distribuidor suele encarecer el producto. Esto se aplica a todos los productos de calidad en los que el que más se enriquece es el intermediario. Al final el pequeño productor pasa grandes apuros y no tiene un negocio rentable.

¿Cuáles son las tendencias más fuertes en decoración para hostelería y restauración?

Actualmente la mayoría de los hosteleros piden decoración ecléctica que no tenga nada que envidiar a la cocina internacional.

Muchos restaurantes se rigen por perseguir la misma imagen. Tuvimos la moda del todo blanco: cajas de madera, adoquines blancos, bombillas de filamento y ahora tenemos la moda de las palmeras, colores verde botella, años cuarenta y Palm Beach. No creo que sea la culpa del decorador, que tiene su propia entidad corporativa. Pero creo que el hostelero debe tender a dejar su huella. La vulgarización de los espacios gastronómicos en España no está dictada por la decoración sino por la oferta de la carta, que es muy deficiente, al menos en la capital. En Madrid todo es sota, caballo y rey.

La tendencia de querer ser un poco vanguardista en decoración se ha conseguido, pero el problema viene porque el hostelero debe encontrar una entidad propia, es decir qué quieres dar de comer y cómo quieres envolverlo.

¿Cuáles son tus tres restaurantes favoritos?

Nunca elijo un restaurante por su decoración, pero a veces disfruto mucho de ella. Entre los que recuerdo ahora mismo me gusta especialmente el Big Fish de Barcelona desde hace muchos años. En Madrid me encanta el restaurante Aire, lo he decorado yo, pero lo que más me gusta es su gastronomía, su materia prima y el amor que le ponen en la cocina.

También, por el concepto que ha desarrollado, me gusta el Hotel La Malcontenta, ubicado en Palamós o Il borgo delle tovaglie en París, un espacio muy rústico en el que se come de cine.

Il Borgo delle Tovaglie. Vogue.it

Slow Revolution, que incluye un programa de talleres, estará abierto hasta el 5 de enero en horario de 11.30 a 21.30h (de lunes a sábado) y de 11.30 a 15h (domingo).

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