El plato más insano del mundo

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Antes de empezar, les ruego disculpas por la ironía, pero el tema tiene su enjundia y con un poco de sentido del humor entra mejor.

Bien, empecemos: ¿Cuál es el plato más insano del mundo?, ¿cuál atenta más contra la salud de quien lo consume? Si obviamos los ingredientes en mal estado o que contengan metales pesados o tóxicos y nos quedamos con los ingredientes y alimentos reconocidos socialmente, ¿cuál es el plato más dañino para nuestra salud? Hace semanas que pienso acerca de ello y ya tengo mi propia conclusión: La Tarta de Nata.

Si hacemos caso a las tendencias en nutrición, las recomendaciones que podemos obtener en Google así como en cientos de artículos, libros y opiniones de todo tipo de profesionales, no hay nada peor que la tarta de nata. Un auténtico atentado contra la salud pública. Desde que la curación mediante la alimentación es ya una moda asentada y que obtener salud a través de una alimentación saludable -según los inspiradores- es casi un hábito social, la tarta de nata ha quedado proscrita a lo más bajo de la cadena alimentaria humana.

Analicémoslo adecuadamente: ¿Cuáles son los venenos de nuestra dieta actual? Los famosos venenos blancos: el azúcar refinado, la leche -de vaca, of course-, las harinas refinadas…Si le añadimos el perjuicio del consumo de sal, el potencial alergénico de los huevos y la huida de los contenidos grasos, la tarta de nata es el compendio más devastador de todo ello: muy grasa y calórica, llena de azúcar refinada, leche -de vaca-, puntito de sal, huevo, harinas con todo su gluten y refinadas ¿Qué más y peor se puede pedir?

Lectura recomendada. Entrevista a Isabel Coderch: “La restauración sostenible es una filosofía empresarial necesaria para ser rentables a medio plazo”

Como en este foro se trata de hablar de restaurantes y hostelería en general (que, por demás, es mi tema) me pregunto cómo acabará la tarta de nata y similares en los #restaurantes. Ya he sido testigo de conflictos familiares entre quién quería tomar de postre tarta de nata (con o sin crema pastelera para empeorarlo aún más -siempre los hay malintencionados-) y el resto de miembros de la familia que le afeaban el gesto (desde el vegano hasta el que ha encontrado en la leche de vaca a su peor enemigo). Pronto estos enfrentamientos entre los alimentos socialmente aceptados o los no políticamente correctos serán habituales y los restauradores deberemos enfrentarnos a la solución.

Si además debemos evitar los OMG -los transgénicos- guardémonos de casi cualquier elaborado de maíz (según su procedencia) y eso por no hablar de la soja, omnipresente.

 

Bien es cierto que mientras la lucha contra la muy dañina tarta de nata se libra en la sobremesa de los restaurantes, proliferan por ahí cafeterías y pastelerías donde a media tarde los más convencidos dan cuentas de tartas veganas sin azúcares refinados (pero con otros azúcares, algunos de dudosa procedencia), otras harinas no refinadas y nada de lácteos -de vaca- y curiosas piruetas gastronómicas del cociner@ que las elabora. Tampoco es raro ver sucumbir a algunos convencidos ante una ración suculenta de tarta de nata de las de siempre bien bañada con chocolate. Luego los remordimientos y los actos de constricción no son pocos.

Siempre me es grato e interesante reflexionar sobre hacia dónde caminan los hábitos de consumo y como afectan a los futuros beneficios de nuestro negocio. Si no han empezado ya las campañas a favor de prohibir las Tartas de Nata, atentos que no tardarán (o quizás ya existen y yo no me enterado).

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