Cinco normas básicas para mantener la confortabilidad en la sala

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Redacción | Madrid

Normalmente hablamos en Barra de ideas de cómo conseguir atraer a más clientes a nuestro restaurante, fórmulas para fidelizar, trucos de marketing, diseño, ahorro de costes, etc. Pero en ocasiones se nos olvida que el motivo esencial por el que un cliente sale despavorido de nuestro negocio es debido a la ausencia de unos detalles mínimos de confortabilidad.

No cuidar estos elementos básicos puede suponer, lo primero, que el cliente salga corriendo del negocio o, lo segundo, que finalmente se quede pero decida no volver nunca. Da igual que tu tataki de atún sea el mejor de la ciudad o que tus huevos rotos hayan recibido el premio a la mejor tapa del año. Todo se irá al traste si no tienes muy claras cuatro nociones básicas y además eres capaz de transmitírselas bien a tu equipo para que el cliente se sienta como en casa.

El Consejo Bezoya del mes de septiembre nos acerca a los pilares básicos de la confortabilidad de nuestra clientela. Si cualquiera de ellos no se cumple, puede suponer un desastre para el negocio.

  • Ruido: El umbral del dolor en los tímpanos humanos está en los 118 decibelios. Obviamente no es necesario llegar a ese extremo para que el ruido pueda resultar molesto para la clientela. Las fuentes de sonidos no deseados por los clientes pueden ser diversas. Los aparatos electrónicos como los equipos de música o la televisión tienen fácil solución: bajar el volumen. Lo primero que debemos tener en cuenta es que no es agradable tener dos fuentes de sonido diferentes simultáneamente. Es decir, elegimos entre televisión o música, dependiendo del horario o del tipo de negocio. La opción de subtítulos en la televisión y un hilo musical acorde con el ambiente que se quiere crear podría ser una buena solución. Otra de las fuentes de ruido posibles son el resto de clientes. Quizás una mesa numerosa o un grupo un tanto alterado. Si simplemente se trata de una mesa numerosa, la opción de que el propio equipo de sala hable con ellos en un tono de voz normal puede tener el efecto deseado de que bajen unos decibelios la conversación.
  • Temperatura: No nos cansaremos de repetirlo. Los expertos indican que la temperatura ideal está entre los 21 y los 25 grados, procurando, al menos en verano, que la diferencia respecto a la temperatura exterior ronde los 5 grados y nunca supere los 12 grados. Respecto a la humedad, lo correcto es ubicarla entre el 30 y el 50 por ciento para lograr un ambiente de máximo confort. Aprovecharse de abrir puertas y ventanas en momentos determinados del día puede ahorrarte costes en calefacción y aire acondicionado, además de airear la sala.
  • Higiene: Uno de los pilares que hacen a un restaurante o a cualquier otro negocio hostelero confortable es la limpieza, con especial atención a los servicios. Dependiendo del volumen de clientela, se convierte en imprescindible la revisión periódica (varias veces al día) tanto de los servicios como de los espacios menos visibles como los pasillos. Parece una obviedad, pero es estrictamente necesario que haya tanto jabón como papel en los lavabos. Conviene recordarlo.
  • Rapidez: Lo que hace confortable a una sala no es sólo la temperatura, disposición, higiene o el volumen de la música, también la atención. Cuanta más ágil sea la atención, mejor se sentirá la clientela. Cualquier duda o sugerencia que plantee un comensal debe ser atendida, respondida y solucionada (en la medida de lo posible) en el menor tiempo que permita el trabajo del equipo de sala. Esta directriz debe estar muy presente en todos los profesionales de la sala para que estén preparados para darle prioridad.
  • Mobiliario y disposición de la sala: Para aumentar la confortabilidad de la sala debemos imaginarnos cómo estaría el cliente en su propia casa. En este sentido, debe cuidarse el mobiliario al máximo, que ni el diseño ni el coste puedan influir en el confort de los taburetes, sillas o mesas. Otra de las cuestiones que también debemos tener en cuenta es la disposición de la sala. El espacio recomendado por comensal para la sala es de dos metros cuadrados. Evita la falta de espacio para que el equipo de sala y la propia clientela pueda moverse libremente sin chocar con otros comensales.

Con estos cinco elementos básicos para la confortabilidad de la clientela sí que tendremos una base esencial para aumentar su satisfacción y fidelizarlos con el fin de que se conviertan en habituales de nuestro negocio, que es el objetivo final de cualquier hostelero.

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